martes, 26 de octubre de 2010

Billy Collins

Collins dice: «es un poema que tendrá una resonancia inmediata para las personas en sus treinta, y un impacto mucho más intenso para aquellos en sus cuarenta o cincuenta.»

Yo te pregunto dragón de jade: ¿Nunca, de tan triste, pediste olvidar?


Olvido

Lo primero que se te escapa es el nombre del autor…
después el título, enseguida el argumento,
al final; la novela completa.
Sucede de pronto, que nunca la habías leído
que ni siquiera habías oído hablar de ella,

como si uno a uno tus recuerdos
se hubieran retirado a un rincón lejano muy al sur de tu cerebro,
aldea de pescadores sin teléfono.

Hace mucho te tuteabas con las musas
y recitabas de memoria las más complejas ecuaciones matemáticas,
pero ahora, mientras repasas el nombre de los planetas,

algo se desvanece para siempre: el escudo de un estado,
la dirección de un pariente quizás, la capital de Uruguay.

Sea lo que sea lo que trates de recordar
no lo tienes en la punta de la lengua
ni siquiera en el lugar más oscuro de tu anatomía.

Se fue flotando, por aquel río
de la historia cuyo nombre inicia con L, (si mal no recuerdo)
muy adentro de tu propio sendero al olvido donde encuentras
a esos que ya no se acuerdan de cómo nadar o andar en bicicleta.

De nada sirve que te levantes a media noche
a buscar en la enciclopedia la fecha de tal combate.
Ni que la luna en la ventana parezca salida de aquel
poema de amor que alguna vez supiste de memoria.

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