viernes, 21 de enero de 2011

EL ODIO A HEMINGWAY –CHARLES BUKOWSKI–

Alguna vez en Salta cubrí completamente un poster de River con recortes que recordaban a Ernest Hemingway. Todos hablaban bien de él porque ganó el Pulitzer y el Nobel y no les quedaba otra. Pero cuando podían también le sacaban mano. Básicamente no le perdonaban ser un “héroe mediático”. Cada nota de diario o de revista que me encontré en mi vida cumplía con la misma fórmula: Hemingway era el genio de Adiós a las armas y El viejo y el mar, “pero”… se había cagado en Francis Scott Fitzgerald y en William Faulkner y en Dos Passos, y además era un fanfarrón recalcitrante que siempre estaba posando para las revistas: “un megalómano”. A veces me daba la impresión, por lo que ellos decían, de que Hemingway cuando escribió Por quién doblan las campanas había escrito el peor libro del siglo.

Pero qué sorpresa me llevé cuando descubrí que los que realmente hablaban bien del escritor eran los escritores. Los “escritores de verdad”, los más grandes. Incluso aquellos en los que en verdad se cagó. Y todos hablaban del estilo de Hemingway, y de su influencia, y de su talento. Y entonces yo pensaba que sí, estaba bien que los periodistas y los críticos hablen mal de él y que siempre se acuerden de su charlatanería y que Por quién doblan las campanas es una novela menor. Porque lo que realmente importa es lo que dicen de él sus colegas. Al final, lo único que uno guarda como tesoro son los libros de los más grandes, lo diarios y las revistas van a parar a la basura. Allá quedaron mis recortes, en Salta, en la basura.

Acá dejo un poema dedicado a mi compadre Crash*, que le gustaba referirse a Hemingway como “el viejo borracho.” Salud.


hice una mala reseña
del último libro de Hemingway
Islas en el golfo
mientras que la mayoría de las críticas
fueron buenas.
pero el odio a Hemingway
por parte del escritor sin éxito,
sobre todo de la escritora,
me resulta incomprensible.

esta escritora sin éxito estaba hecha una furia.
había intentado explicarle por qué, creía yo,
Hemingway escribía tal
como escribía.

eso de "la vida a través de la muerte", me dijo,
no es en absoluto algo exclusivo de
Hemingway. ¿y de qué va, si no,
toda la cultura occidental? es la misma historia
una y otra
vez. ¡no hay
nada nuevo!

eso es verdad, pensé, pero...
¿cazar leones sólo era, en el fondo, pegarse un tiro
él mismo?, me preguntó. ¿no es eso? ¿no es
eso? no cuando los leones estaban desarmados y
él los atacaba con un rifle y
ni siquiera tenía que
acercarse. ¡hay que ver! pobrecillo
Hemingway.

es verdad, pensé, los leones no llevan
rifle.

la tradición española. veo a Goya porque me llega
como algo real y completo, me dijo. no veo a
Hemingway más que como una vieja película de
Hollywood
interpretada por...¿cómo se llama? ese Cooper que era amigo
suyo, el tipo de Solo ante el peligro. ¡vaya!

ni siquiera soporta a sus amigos,
pensé.

uno aprende acerca de la muerte muriéndose
no observándola,
me dijo.

eso es verdad, pensé, pero entonces, ¿cómo escribes al respecto?

dices que Shakespeare te aburre, me dijo.
el caso es que
él sabía mucho más que Hemingway.
Hemingway no pasó de ser un vulgar
periodista.

le enseñó a escribir Gertrude Stein, pensé.

te contaba lo que veía, me dijo, pero no sabía
lo que significaba, cómo están vinculadas
las cosas en realidad...nunca
explicaba.
qué raro, pensé, eso es exactamente lo que
me gustaba de
él.

no dices más que las típicas
chorradas, me dijo.

qué pena, pensé,
con las piernas tan largas y hermosas que
tiene. bueno, Goya también estaba bien,
pero no puedes llevarte a la cama
a Goya.

bueno, muy bien, pensé, Hemingway sacó aquellos grandes
peces
del mar y aguantó unas cuantas guerras
y vio morir toros y mató algún otro
león.
escribió algunos grandes cuentos
y nos dio 2 o 3
buenas primeras
novelas;
en su último día
Hemingway saludó con la mano a
unos chicos que iban a la escuela,
ellos le devolvieron el saludo, y no llegó a tocar el zumo de
naranja
que tenía delante de sí;
luego se metió el arma en la boca como una pajita
y tocó el gatillo
y uno de los pocos inmortales de América
se convirtió en sangre y sesos por las paredes y
el techo, y entonces todos sonrieron,
sonrieron y dijeron:
¡ah, vaya maricón! ¡ah, vaya cobarde!
sí, se aprovechó de McAlmond
se aprovechó de todo el mundo
y no trató bien a Fitzgerald
y escribía de pie
y una vez estuvo en un manicomio,
y Gertie Stein, esa maldita
bollera
igual sí
le enseñó a
escribir.

pero ¿quién le convenció de que era hora de morir?

vosotros
sucios
cabrones

BUKOWSKI, Charles, La gente parece flores al fin. Colección Visor de Poesía, 2009

*Crash o Crayón se comió una buena cantidad de mis 279 goles en el parque San Martín. ^_^

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