lunes, 23 de julio de 2012

sunflower sutra -allen ginsberg-





¡qué hermoso título, por dios! en inglés y en español, sunflower sutra, el sutra del girasol. "todos somos
hermosísimos girasoles dorados en nuestro interior"
Caminé por las orillas del muelle de latas y bananas
y me senté bajo la inmensa sombra de una locomotora
de la Southern Pacific para observar el ocaso sobre las
colinas de casas como cajas de zapatos y llorar.

Jack Kerouac estaba sentado junto a mí sobre un poste de hierro,
roto y herrumbroso, compañero, pensábamos los mismos
pensamientos del alma, desolados y sombríos y con la mirada triste,
rodeados por las nudosas raíces de acero de árboles de maquinaria.

La aceitosa agua del río reflejaba el cielo enrojecido,
el sol se hundió sobre los picos finales de Frisco,
no hay peces en ese arroyo, no hay ermitaño en esos montes,
tan sólo nosotros mismos con ojos legañosos
y resaca como viejos vagabundos en la ribera del río,
cansados y taimados.

Fíjate en el Girasol, dijo él, había una sombra gris y muerta
recortándose contra el cielo, grande como un hombre,
erguida seca en lo alto de una montaña de viejísimo serrín —

— Subí encantado atropelladamente — era mi primer girasol,
recuerdos de Blake — mis visiones — Harlem

e Infiernos de los ríos del Este, puentes campaneantes Grasientos
Sandwiches de Joe, difuntos coches de niño,
ruedas negras y sin dibujo olvidadas y sin recauchutar,
el poema de la ribera, condones & cacerolas, cuchillos de acero,
nada inoxidable, sólo el hediondo cieno y los artefactos
afilados como cuchillas en tránsito hacia el pasado —

y el Girasol gris apostado contra el ocaso, resquebrajable desolado y
polvoriento con el tizne y la contaminación y el
humo de antiguas locomotoras en su ojo —

corola de indistintas púas dobladas y rotas como una corona machacada,
las semillas caídas de su faz, boca que prontamente
estará desdentada de soleado aire, rayos de
sol obliterados sobre su peluda cabeza como una reseca
tela de araña de alambre,

hojas extendidas como brazos saliendo del tallo, gesticulaciones de la
raíz de serrín, trozos rotos de yeso caídos de las negras ramitas,
una mosca muerta en su oreja,

Qué cosa impía y machacada eras, mi Girasol. ¡Oh mi alma,
te amé entonces!

La mugre no era mugre de hombre alguno sino muerte y
humanas locomotoras,

todo aquel traje de polvo, aquel velo de oscurecida piel de vía férrea,
aquella polución de la mejilla, aquel párpado de negra miseria,
aquella enhollinada mano o falo o protuberancia de algo artificial
peor que la mugre — industrial — moderno—
toda aquella civilización moteando tu delirante áurea corona —

y aquellos desolados pensamientos de muerte y polvorientos ojos sin
amor y extremos y raíces resecas debajo, en el amontonamiento-hogar
de arena y serrín, billetes de a dólar de goma,
pellejas de maquinaria, las tripas y entrañas del
sollozante y doliente automóvil, las vacías y solitarias latas
con sus oxidadas lenguas ¡ay!, qué más podría yo citar, las
ahumadas cenizas de algún cigarro pene, los coños de las
carretillas y los lechosos pechos de los automóviles, culos
desgastados de sillas & esfínteres de dinamos — todos
éstos enredados entre tus momificadas raíces — ¡y tú ahí
erguido ante mí en la puesta del sol, toda tu gloria en tu forma!

¡Una perfecta muestra de belleza de girasol! ¡una perfecta excelente
adorable existencia de girasol! ¡un dulce ojo natural para la nueva luna
enrollada despertó vivo y excitado aferrando en las sombras
del ocaso la mensual brisa dorada del amanecer!

¿Cuántas moscas zumbaron a tu alrededor inocentes de tu mugre,
mientras maldecías a los cielos del ferrocarril y de tu alma de flor?

¿Pobre flor muerta? ¿cuándo olvidaste que eras una flor?
¿cuándo miraste tu piel y decidiste que eras una sucia
y vieja locomotora impotente? ¿el fantasma de una locomotora?
¿el espectro y la sombra de una otrora poderosa y
demente locomotora americana?

Jamás fuiste una locomotora, Girasol, ¡fuiste un girasol!
Y tú locomotora, tú eres una locomotora, ¡no olvides lo que te digo!
De modo que arranqué el girasol delgado como un esqueleto
y lo sujeté a mi costado como un cetro,
y entono mi sermón frente a mi alma, y también frente a la de Jack,
y de la de quienquiera que desee oírlo,

— No somos nuestra piel mugrienta, no somos nuestra desolada terrible
polvorienta locomotora sin imagen, todos somos
hermosísimos girasoles dorados en nuestro interior,
estamos benditos por nuestra propia semilla & nuestros
dorados y peludos desnudos cuerpos de logro que crecen
para transformarnos en dementes girasoles formales en el ocaso,
espiados por nuestros ojos bajo la sombra de la loca locomotora
ocaso de ribera en Frisco visión colínica de latas al anochecer sentados.
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I walked on the banks of the tincan banana dock and
sat down under the huge shade of a Southern
Pacific locomotive to look at the sunset over the
box house hills and cry.

Jack Kerouac sat beside me on a busted rusty iron
pole, companion, we thought the same thoughts
of the soul, bleak and blue and sad-eyed,
surrounded by the gnarled steel roots of trees of
machinery.

The oily water on the river mirrored the red sky, sun
sank on top of final Frisco peaks, no fish in that
stream, no hermit in those mounts, just ourselves
rheumy-eyed and hungover like old bums
on the riverbank, tired and wily.

Look at the Sunflower, he said, there was a dead gray
shadow against the sky, big as a man, sitting
dry on top of a pile of ancient sawdust–

–I rushed up enchanted–it was my first sunflower,
memories of Blake–my visions–Harlem

and Hells of the Eastern rivers, bridges clanking Joes
Greasy Sandwiches, dead baby carriages, black
treadless tires forgotten and unretreaded, the
poem of the riverbank, condoms & pots, steel
knives, nothing stainless, only the dank muck
and the razor-sharp artifacts passing into the
past–

and the gray Sunflower poised against the sunset,
crackly bleak and dusty with the smut and smog
and smoke of olden locomotives in its eye–

corolla of bleary spikes pushed down and broken like
a battered crown, seeds fallen out of its face,
soon-to-be-toothless mouth of sunny air, sunrays
obliterated on its hairy head like a dried
wire spiderweb,

leaves stuck out like arms out of the stem, gestures
from the sawdust root, broke pieces of plaster
fallen out of the black twigs, a dead fly in its ear,

Unholy battered old thing you were, my sunflower O
my soul, I loved you then!

The grime was no man’s grime but death and human
locomotives,

all that dress of dust, that veil of darkened railroad
skin, that smog of cheek, that eyelid of black
mis’ry, that sooty hand or phallus or protuberance
of artificial worse-than-dirt–industrial–
modern–all that civilization spotting your
crazy golden crown–

and those blear thoughts of death and dusty loveless
eyes and ends and withered roots below, in the
home-pile of sand and sawdust, rubber dollar
bills, skin of machinery, the guts and innards
of the weeping coughing car, the empty lonely
tincans with their rusty tongues alack, what
more could I name, the smoked ashes of some
cock cigar, the cunts of wheelbarrows and the
milky breasts of cars, wornout asses out of chairs
& sphincters of dynamos–all these

entangled in your mummied roots–and you there
standing before me in the sunset, all your glory
in your form!

A perfect beauty of a sunflower! a perfect excellent
lovely sunflower existence! a sweet natural eye
to the new hip moon, woke up alive and excited
grasping in the sunset shadow sunrise golden
monthly breeze!

How many flies buzzed round you innocent of your
grime, while you cursed the heavens of the
railroad and your flower soul?

Poor dead flower? when did you forget you were a
flower? when did you look at your skin and
decide you were an impotent dirty old locomotive?
the ghost of a locomotive? the specter and
shade of a once powerful mad American locomotive?

You were never no locomotive, Sunflower, you were a
sunflower!

And you Locomotive, you are a locomotive, forget me
not!

So I grabbed up the skeleton thick sunflower and stuck
it at my side like a scepter,

and deliver my sermon to my soul, and Jack’s soul
too, and anyone who’ll listen,

–We’re not our skin of grime, we’re not our dread
bleak dusty imageless locomotive, we’re all
beautiful golden sunflowers inside, we’re blessed
by our own seed & golden hairy naked
accomplishment-bodies growing into mad black
formal sunflowers in the sunset, spied on by our
eyes under the shadow of the mad locomotive
riverbank sunset Frisco hilly tincan evening
sitdown vision.

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