jueves, 27 de diciembre de 2012

La travesía de los Reyes Magos (T. S. Eliot)



“Pasamos mucho frío en el camino,
la época del año más difícil
para emprender un viaje, y más uno tan largo:
los caminos cubiertos de nieve, el tiempo gélido,
el momento más crudo del invierno”.
Los camellos estaban irritados, con las patas deshechas;
se negaban a andar, echándose en la nieve
que empezaba a fundirse. A veces extrañábamos
nuestros palacios de verano en las laderas, las terrazas
y las muchachas suaves como seda que nos traían sorbetes.
Después los camelleros comenzaron a gruñir y a quejarse,
y a irse, y a exigir su alcohol y sus mujeres;
y luego no podíamos mantener las fogatas encendidas de noche,
faltaban los refugios en donde cobijarse,
y las ciudades eran hostiles y los pueblos poco hospitalarios,
y las aldeas sucias y los precios
que nos pedían en ellas muy exagerados:
pasamos una dura travesía.
Al final, preferíamos viajar toda la noche,
durmiendo a ratos, mientras al oído
nos cantaban las voces que decían
que todo aquello era una locura.

Luego, al alba, bajamos hasta un valle templado,
húmedo, por debajo de la línea de nieve, donde ya se sentía
el olor de los árboles, y había un arroyuelo y un molino
que agitaba las aspas cortando la tiniebla,
y contra el cielo bajo había tres árboles.
Y vimos a un caballo blanco, viejo,
alejarse al galope por el prado.
Después llegamos hasta una taberna
que tenía unas hojas de parra en el dintel;
junto a la puerta abierta, seis manos suplicantes
hacían tintinear moneditas de plata,
al tiempo que unos pies daban patadas a los odres vacíos.
Pero nadie nos supo brindar información, así que continuamos
hasta llegar, de noche –y ni un momento antes–,
al lugar indicado; se podría decir que era satisfactorio.

Todo esto fue hace mucho tiempo, según recuerdo,
y lo haría otra vez, pero quiero dejar esto asentado:
¿nos embarcamos en tamaña travesía para ver
un Nacimiento o una Muerte? Hubo
un Nacimiento, sí. Tuvimos prueba de ello
y no quedaron dudas. Yo había visto antes
nacimientos y muertes, pero entonces
me habían parecido diferentes;
para nosotros este Nacimiento
fue como una agonía amarga y dolorosa,
como la Muerte, nuestra muerte. Luego
marchamos de regreso a estos Reinos, nuestras tierras,
pero nunca volvimos a sentirnos
a gusto con el orden de las cosas,
entre una gente extraña aferrada a sus dioses.
Me sentiría dichoso de encontrar otra muerte.



THE JOURNEY OF THE MAGI

'A cold coming we had of it,
Just the worst time of the year
For a journey, and such a long journey:
The ways deep and the weather sharp,
The very dead of winter.'
And the camels galled, sorefooted, refractory,
Lying down in the melting snow.
There were times we regretted
The summer palaces on slopes, the terraces,
And the silken girls bringing sherbet.
Then the camel men cursing and grumbling
and running away, and wanting their liquor and women,
And the night-fires going out, and the lack of shelters,
And the cities hostile and the towns unfriendly
And the villages dirty and charging high prices:
A hard time we had of it.
At the end we preferred to travel all night,
Sleeping in snatches,
With the voices singing in our ears, saying
That this was all folly.

Then at dawn we came down to a temperate valley,
Wet, below the snow line, smelling of vegetation;
With a running stream and a water-mill beating the darkness,
And three trees on the low sky,
And an old white horse galloped away in the meadow.
Then we came to a tavern with vine-leaves over the lintel,
Six hands at an open door dicing for pieces of silver,
And feet kiking the empty wine-skins.
But there was no information, and so we continued
And arriving at evening, not a moment too soon
Finding the place; it was (you might say) satisfactory.

All this was a long time ago, I remember,
And I would do it again, but set down
This set down
This: were we led all that way for
Birth or Death? There was a Birth, certainly
We had evidence and no doubt. I had seen birth and death,
But had thought they were different; this Birth was
Hard and bitter agony for us, like Death, our death.
We returned to our places, these Kingdoms,
But no longer at ease here, in the old dispensation,
With an alien people clutching their gods.
I should be glad of another death.
 

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